Estructuras históricas cubiertas bajo el suelo


La alfombra de césped natural tendida en la entrada del Fuerte de San Lorenzo, en Colón; el revestimiento de piedras calizas en el piso de la Iglesia y Convento de la Compañía de Jesús, en el Casco Antiguo, y un promontorio de tierra en El Caño de Coclé dejaron de ser simples escenarios desde principios de este mes.

Un grupo de geofísicos franceses, con el interés de capacitar e intercambiar conocimientos con profesionales panameños, trajo equipos capaces de detectar lo que la vista humana no puede ver, sin necesidad de cavar y revolver las capas del subsuelo.

La fusión de especialistas vino por el seminario “ Escuela de Geofísica aplicada a la arqueología y el medio ambiente para América Central” y tuvo resultados positivos que invitan a la profundización en los estudios arqueológicos para cada sitio.

Uno de los cuatro lugares históricos en que se aplicaron las técnicas de geofísica fue en la Iglesia y Convento de la Compañía de Jesús en el Casco Antiguo, precisamente donde se halló, bajo una capa cubiertas de rocas decorativas, los vestigios de una capilla propia del periodo colonial.

“Personal de la Oficina del Casco Antiguo estuvo interesado en la investigación en el convento porque tenían planos antiguos que registraban una capilla.

Llevamos a cabo una prospección electromagnética con georradar y efectivamente logramos detectar lo que podría ser las bases de las capilla que sobre la superficie no existe, pero apenas a 50 centímetros bajo la superficie sí”, relata el doctor Alexis Mojica, coordinador de la investigación por el grupo panameño que participó del trabajo.

Por dos semanas, los franceses Muriel Lluves, de la Universidad de Toulouse; Louis Pastor, Julien Thiesson y Richard Vanhoeserlande, en representación de las Universidades Sorbonne y Pierre et Marie Curie de París, estuvieron conduciendo en Panamá los ensayos no invasivos que dieron estas y otras luces sobre la detección de antiguas estructuras.

Radiografías subterráneas

Después de dos semanas de repasar el suelo con sensores electromagnéticos de alta frecuencia, un grupo de investigadores franceses, en conjunto con profesionales panameños, dio nuevas pistas del pasado en sitios históricos del país.

Frutos

En el Fuerte de San Lorenzo, en Colón, por medio de una prospección electromagnética se pudo observar bajo el manto herbáceo que recubre la entrada del sitio, lineamientos del periodo colonial de un metro de espesor. “Las líneas eran de tipo antrópico, es decir, fueron producidas por la actividad humana”, inquirió el doctor Alexis Mojica, director de la investigación por el lado panameño.

“Posiblemente correspondan a fundaciones de una estructura colonial”, dedujo Mojica sobre esta irregularidad captada en el subsuelo por el equipo en la fortificación y que daba por resultado un mapa legible entre geofísicos caracterizado por una secuencia de matices rojos, negros, verdes, azules y amarillos en señal de su conductividad eléctrica terrestre.

Con el mapa, los estudiosos apuntan a que en el actual descampado reverdeciente hubo una edificación importante en el Fuerte de San Lorenzo, conocido como el sitio de defensa apostado en la entrada del río Chagres como estrategia en tiempos coloniales.

En tanto, como resultado de dos jornadas que se dedicaron a la exploración en el Parque Arqueológico El Caño, en Coclé, se estudió dos circunsferencias que afloraron remarcadamente en los mapas sobre las sepulturas precolombinas de la cultura Coclé.

La investigación se centró en un montículo u órbita de tierra de dos metros de elevación que “fungía como especie de un paraguas efectivo en el desvío de las corrientes de agua hacia los bordes”, describe Mojica.

“Estamos tratando de entender el modo de vida de los antiguos pobladores del istmo, mucho antes de la llegada de los españoles”, cita.

Por el momento, los geofísicos confirmaron que el sitio tiene potencial para erigir exitosas investigaciones arqueológicas.

El muro se encuentra sepultado bajo el viejo edificio donde funcionaba la Escuela Nicolás Pacheco y cruza parte de la estructura según revelan las sombras de sus bases escaneadas por el georradar, hasta conectarse con una ruina que aún se puede palpar al atravesar la calle Victoriano Lorenzo en el Casco Antiguo, tras la escuela.

La misión pudo rastrear 33.80 metros de las bases del muro del baluarte ocultas bajo el pavimento y las calles adoquinadas del Casco Antiguo, no así su punto final.

Aunque Mojica se siente satisfecho: “La importancia para la historia era identificar con certeza por dónde pasaba el muro”, cuya dirección era objeto de constantes debates entre los arqueólogos e historiadores que habían perdido el sentido original del muro limítrofe de la antigua ciudad.

El reclamo francés

Louis Pastor, investigador de la Universidad Pierre et Marie Curie en París, Francia, alentó a hacer gestiones en Panamá con organismos afines para efectuar la compra de equipo especializado en geofísica.

De esta forma los estudiantes formados durante el seminario “Escuela de geofísica aplicada a la arqueología y el medio ambiente” podrían aplicar sus conocimientos en el campo y dar origen a otros hallazgos.

Para el desarrollo del seminario, la cooperación francesa trajo tres equipos (uno de prospección electromagnética, un magnetómetro y un georradar) valorados en cerca de $83 mil.

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